Hace unos diez años comencé este blog a manera de diario personal, juntamente con cambios a nivel interno y espiritual. Con el transcurrir de los años, simplemente plasmo aspectos de mi transitar por esta vida.
He mirado mi camino una y otra vez, tantas veces hacia atrás
Y vi mucha lucha, muchas victorias
Y muchas derrotas…
Y llegado un momento, me cansé y me senté al borde del camino,
A ver qué continúa ahora…
Y ya no quise luchar más
Perdiendo de vista mis sueños y anhelos
Perdiendo así todas las cosas por lo que vale la pena luchar
Todas mis emociones
Mis sueños de adolescente así se desvanecían en el camino empolvado
De ese mediodía caluroso
Y la verdad, costó mucho subir aquella calle empinada
Pero, una vez más, lo hice.
Luego, caminé un poco más
Encontré un banquito
Cansado suspiré y tomé asiento.
Miré alrededor
Y vi toda la creación…
Soltando un gran suspiro por los sueños de aquella infancia
Miré hacia arriba
Y busqué de vuelta mi origen, mi esencia
Busqué a Dios, en el viento
Y un viento suave y fresco acarició mi rostro
Consolando mi alma, y calmando suavemente mi sufrimiento
De tantas batallas emprendidas
Tantos caminos recorridos
Tantas distancias dejadas atrás
Y con ellas, historias de mis andares.
Y no fue sino en ese silencio
De aquel mediodía caluroso
Que Dios me dijo cuánto me seguía amando
Y que a pesar de mi olvido
El siempre estuvo a mi lado
Guardando mi amanecer.
Una nueva página de mi historia
Debe así escribirse
Con el amor que Dios ha tenido hacia mí
Durante toda mi vida
Y desde hoy, y para siempre.
Mientras más veo mi historia
Encuentro en Dios, la verdad de mi esencia
Esa esencia que perdí por el camino
Y que anhelo con ansias, vuelva
Y al fin, renovarlas, recuperando de ella
Toda la vitalidad y la fuerza de la infancia, y adolescencia
Esa chispa de emoción que empuja a lo imposible
Pues lo imposible es un gran desafío, totalmente realizable
A través de los sueños y las metas de mi vida
Metas que, como escalones, inflaman de energía divina mi existencia.
Hay una nueva certeza en mi vida
La certeza del amor
Me he dado cuenta
Que cuanto más amor
Derramo a la humanidad
Perdonando de corazón las ofensas
Mi espíritu encuentra libertad y verdadera vida
Amando a todas las criaturas de esta tierra
Desde los gatos hambrientos,
Hasta las personas hambrientas
De amor, de paz.
Me he dado cuenta
Que tengo un poder muy grande
En el interior de mi espíritu
Y es el poder de amar
Y continuar la batalla
A pesar de todo
Regenerar, cicatrizar, curar
Son estados de amor, amor y más amor
Y Solo con el amor pueden los corazones transformarse
Hasta la plenitud
De una vida eterna, llena de luz
Llena de amor,
Llena de Dios.
viernes, 25 de febrero de 2011
Que rápido pasa el tiempo
Cuan larga la distancia recorrida… cuan largo el camino que resta por recorrer…
La vida nos llena de momentos que no podemos muchas veces apreciar en su verdadera magnitud.. sin embargo cuando ya hemos vivido bastante, miramos hacia atrás, y suspiramos…
La vida es la suma de los momentos que te quitaron el aliento, oí decir por ahí… Para mi, también la vida es la suma total de la cantidad de amor que esparciste sobre esta tierra.. por que mientras amamos, nuestro corazón sigue latiendo… si dejamos de amar, dejamos de ser.
La vida.. y sus momentos, la vida y sus maravillas, la vida y sus sorpresas…
No deja de sorprenderme como los acontecimientos más inexplicables son desarrollados por la gracia de Dios, que siempre atiende el clamor de sus hijos.
Es una maravilla inexplicable, "insondable" el misterio de amor de Dios para sus hijos, y nunca va a bastar las palabras que mi boca pueda expresar, para alabar el milagro de lo infinito y total que nuestro Padre ES.
Es una maravilla, por su intercesión, ver a familias reunidas, heridas sanando, felicidad invadiendo, Luz iluminando senderos, transformando la vida, y dotando a todo de un nuevo significado.
Dios es la magnitud de lo infinito, la belleza del misterio, la emoción de lo desconocido, y la contención de toda existencia. Sin duda, la gracia de nuestro Señor actúa con mano firme cuando llega el momento, y solo el amor de Dios puede saciar esa sed de paz que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu buscan. Por Dios somos redimidos y enaltecidos, al punto de elevarnos a estratos de Pureza y Amor eternos. No puedo desconocer, que la vida muchas veces presenta situaciones muy duras, en donde permanecemos estancados en largos procesos que nos enseñan, a través del dolor, el verdadero sentido de nuestras vidas. Hay algo muy hermoso que hace un tiempo experimenté, y siempre que lo vuelvo a hacer, experimento la misma sensación... Frente a la imagen de la Misericordia Divina, me arrodillé a pedir a Dios, a través de su hijo Jesucristo, que acuda a mi llamado, a mi súplica, a mis lamentos. Cuando mi corazón ya cansado no puede continuar, y la lucha ya ha perdido el sentido... no hice mas que implorar el amor de esos ojos que siempre me miran con un amor incomparable... Pues conozco mi miseria, y dentro de ella, me reconozco tan débil... frágil como una hoja.. El poder de Dios es tan grande.. que su Misericordia nunca tarda, se manifiesta al instante, en el momento de la súplica, mis lágrimas ya son consoladas, y su Hombro me contiene, su Luz me inunda de amor, y su Obra me deja siempre maravillado. Por ello, en esta vida, en mi vida, he sido testigo de la maravilla de la obra de Dios en mi corazon, en mi alma, y puedo decir, que he experimentado la Misericordia de Dios, así como Santa Faustina, esta vez, en mi alma.
Desde el principio de la creación me has amado y tu llama ha ardido en el fondo de mi corazón.
Te he buscado día y noche, y en las tinieblas de tu ausencia he caminado sin cesar
Cuantas veces me he sentido solo y abandonado, creyendo que no merecía amor alguno y que estaba abandonado.
Que debería hacer yo en mi miseria? Que camino habría de tomar, sintiéndome tan vacio y ausente de ti, Señor?
Cuanto amor puedes tu sentir por esta criatura insignificante que soy?
Cuantos milagros puedes tu hacer por este tu hijo que no te merece?
Mi alma ha visto la luz con tu amor desde siempre. Necesito de tu luz y tu afecto mi Dios, para entregarte toda mi existencia de una vez y para siempre, para sentirme contenido por toda la plenitud con tu cariño inmenso e infinito, todos los días de mi vida, cada segundo, para siempre.
Por qué me elegiste? Que puede mi alma pequeña regalarte, que se compare con tu grandeza? Absolutamente nada. Pero justamente, ese nada que soy, es lo que elegiste para algo.
Seguir la voz de mi corazón… de una forma sincera y madura es lo que quiero mi Dios, para poder decirte que sí, abrazarme fuerte a tu luz, para que fuertemente me dedique a tu servicio y en él pueda encontrar la plenitud de mi vida.
Hay que ser fuertes, me dices, pero esa fortaleza la encontraremos sólo en Ti, en tu amor que mueve y transforma la faz de la tierra, hace florecer las flores, renacer el día, amar al hermano, y saber que esto es verdad.
Quien es, o qué es lo que realmente da sentido a nuestras vidas?
De un tiempo a esta parte me he venido haciendo esta pregunta. El verdadero valor de las cosas, la esencia de nuestra existencia.
Cuando Dios toca nuestro corazón, nuestra vida se abre a un nuevo horizonte: ha comenzado el cambio. Pero a su vez, ¿cómo es que Dios toca nuestro corazón, al punto de transformar nuestra existencia?
Hay experiencias en la vida que marcan una gran transición dentro de ella, que delimitan las fronteras entre nuestra infancia, para luego desarrollarse la adolescencia, luego la etapa madura: la juventud y la adultez. Estas etapas, felices y tristes, forman parte del registro de nuestra existencia, como un gran archivador de las memorias, donde podemos recorrer nuestra vida.
Cuando Dios toca a nuestro corazón, hace un llamado a nuestra historia, a ver como somos, que somos, que talentos tenemos… y nos ofrece algo. Un regalo.
Nos ofrece la oportunidad de VIVIR UNA NUEVA VIDA. Una nueva etapa. Llegado ese momento, nos encontramos ante una situación de la vida en la que debemos pararnos frente al espejo, y mirarnos a los ojos, para finalmente reconocer aquella valiosa persona que Dios ama, a pesar de las victorias y derrotas, de las risas y las lágrimas. Dios ha amado nuestra historia desde el momento de nuestra creación, y llegado el momento, (valiéndose de los medios más sencillos, como el consejo de un amigo, un “encuentro excepcional” con alguien, una llamada, un acontecimiento, ect..) El nos pide que le dejemos entrar a nuestro corazón, para lo que debemos estar atentos, y escuchar esa voz interior que nos va a indicar de qué manera actuar.
Dios llega y transforma los corazones, pero no a través de grandes cosas, sino de lo cotidiano de la vida, con el milagro de un nuevo día. Llega y toca nuestros corazones por que El reconoce el verdadero valor que tiene nuestra existencia y quiere nuestra completa felicidad, felicidad que solo puede ser plena, en la medida que nuestro corazón se abra hacia su amor y abrace su espíritu de unidad, espíritu que sostiene todas las cosas de la vida.
Nuestra historia para Dios es muy grande, es importante pues eso es lo que nos hace a cada uno, un ser especial, un ser “único e irrepetible”, que puede contar a través de sus experiencias, cómo Dios ha tocado, llamado a su corazón. Tu puedes ser el protagonista de esta historia de amor y transmutación, en la medida que le permitas a Él entrar en tu vida, incorporándole a Él en todas las cosas. Cuando reconocemos que EL sostiene el universo, se nos hace imposible concebir un mundo ausente de Cristo.
Lastimosamente, hemos de reconocer que este Mundo da la espalda a Dios, olvidando las enseñanzas de amor, perdón y misericordia para con nosotros mismos y con nuestro hermano, creando divisiones y lastimando, distanciando y dividiendo. Por ello, en la medida que nuestra respuesta al llamado de Dios sea honesta y transparente, podremos recuperar el diálogo permanente con Él, y unificar nuestras existencias en el verdadero amor divino, único capaz de armonizar a todo el universo.
Abrir el corazón a Dios es una tarea que debe realizarse con cariño, todos los días. Debemos ejercitarnos en el amor, en el perdón y la compasión, de modo a mirar con ojos de Cristo a toda la creación y elevarnos por sobre las condiciones de esta tierra que está tan atada al dolor y el sufrimiento. No es sino en la medida que nos reconozcamos humildes y pequeños, que podremos reconocer la grandeza del amor de Dios que transforma todas las cosas.
Queridos hermanos, el amor de Dios es lo único que da razón de ser a todas las cosas. Por el amor de Dios la vida es posible y se sostiene, y tenemos un aliento de vida que nos impulsa a seguir caminando. Por el amor de Dios, en nuestro interior existe esa voz que nos dice que debemos continuar, a pesar del dolor. El amor de Dios sostiene el funcionamiento del Universo, contiene todas las maravillas de esta tierra y da plenitud a los sentimientos más puros que pueden existir. El amor de Dios es la razón de nuestras vidas, pues no fue sino por amor que EL sintió por nosotros, que tuvimos la vida.
Cuando te encuentres un día, frente al espejo, haciéndote esta pregunta... ¿Cuál es el sentido de mi vida? Recuerda que hay Alguien que te conoce y está más cerca de ti “que tu propia respiración”, que te ha amado desde antes que existieras, que ama lo que eres, tal cual, que te reconoce valioso y tiene un plan de amor y perfección para tu vida, y recuerda también, que el único sentido que tiene la vida, tiene su punto de partida y llegada en el amor de Dios. Por el amor de Dios damos, creamos, recibimos, cantamos, gozamos, llegamos, oramos, amamos, perdonamos, lloramos, reímos, alabamos, creemos, esperamos. El amor de Dios es la certeza que nuestra existencia tiene un objeto, y que el desafío está en creer en ello y luchar, siempre luchar por encontrar nuestro camino, siempre al lado de Cristo.
No hubo ni hay persona que haya amado más en la historia, que Cristo, manifestación pura del amor de Dios.
Cuando mires al cielo, y preguntes cuál es el sentido de la vida… hay alguien que te está amando en ese preciso instante, y por ese amor, la vida tiene razón de ser.
El amor es la razón de la existencia de todas las cosas.
El amor, es la plenitud del encuentro con Cristo.
Quirero agradecer a dos personas que me ayudaron a reconocerme y reconocer a Cristo en mi vida: Yeruti y el Hno Tomás. Dios los puso en el momento preciso para que pueda reconocer el valor de mi vida y la potencia de su llamado al amor. Dios los bendiga por siempre. Gracias tambien, a mi familia, por estar siempre a mi lado. Y a mis grandes amigos, a quienes quiero, doy gracias a Dios por la vida de cada uno de ellos. Bendita sea la vida.
A veces es necesario parar. Es necesaria una pausa para reflexionar y pensar. Para aprender a ver las cosas con la verdad, para reconocer el valor de nuestras vidas, de la importancia de nuestra `presencia en la tierra.
Es importante a veces detenerse para crecer. Para aprender a amar. Para olvidar y seguir. Y recordar con cariño el pasado, pues es terreno de Dios el tiempo, el ayer, hoy y mañana.
A veces es importante sentarse en la vereda y pensar, en meditar. Empezar a escuchar el sonido de las hojas. Es importante detenerse a observar a las personas, a comunicarse interiormente con ellas, a sentir sus sentimientos, a comprenderlas, valorarlas.
A veces es importante (muy importante) aprender a hacer silencio en nuestras vidas. Ese silencio infinito en donde Dios nos habla, y nos cuenta de su amor. Es importante también sentirlo, y manifestarlo en cada poro de nuestra piel.
Es importante a veces parar… y mirar nuestra vida. Lo que somos, nuestros anhelos, metas. Lo que ya hemos pasado, las alegrías y llantos, los malos y buenos momentos. Y sabes lo que creo más importante? Agradecer. Es importante agradecer. Pues nunca estuvimos solos y es Dios quien estuvo caminando a nuestro lado todo este tiempo. Fue el quien nos sostuvo en momentos difíciles, y fue Dios quien nos susurraba amoroso: “tu puedes… continúa.. fuerza!” Es importante reconocer el camino recorrido, y ver que en nuestro andar dejamos una huella, las experiencias de la vida nos ayundan a crecer paso a paso, a darnos cuenta del valor de las cosas y buscar de vuelta la esencia.. muy en el fondo de nuestro corazón guardamos un gran tesoro, y llegado el momento, nos ponemos a la búsqueda del mismo. Es importante entonces, para ello, hacer una pausa y pensar en nuestra vida. Ver qué cosas han valido la pena y que cosas no tanto, y establecer nuevas prioridades, mejorarnos como personas en el amor y la caridad, en la entrega y el servicio para con nosotros y con los demás, pues es de esa manera que manifestamos esa presencia de Cristo que camina a nuestro lado: en el grado de misericordia para con el hermano/a que necesita. Y por ultimo… es importante.. CONTINUAR. Continuar a pesar de todo. Continuar a pesar del dolor, de la tristeza. De la pobreza y la soledad. Es importante continuar caminando por ese fuego que es el amor de Dios. A pesar de las dificultades y el cansancio extremo, sigue caminando! Ánimo! Nunca te detengas. Por mas duro que se torne el camino, y el cansancio te consuma, sigue caminando.
Es Dios el único que te sostendrá cuando en esos momentos del camino ya tus pies no puedan avanzar más.. no por que no quieras a lo mejor, quizás las fuerzas físicas ya no te permitan seguir el camino. Pero ahí Dios manifiesta su poder infinito y te llena de gracia y luz, dando nuevo impulso y regenerando tu existencia.
El caminar es duro, pero si confiamos en Cristo, todo se hace mas llevadero y tenemos la certeza que llegaremos a casa, al final de la jornada.
Y esa es la dicha de quien mira la vida con ojos del amor de Dios: tiene en el fondo de su corazón la certeza que Dios no lo abandona y es Él la energía que le renueva las fuerzas para seguir el camino.
Amigo, sigue caminando, sigue. No te detengas. A pesar de todo. Porque caminas con Cristo y tu sed siempre es atendida, y tu clamor siempre es escuchado, por la divina Misericordia de nuestro padre que ama sin medidas a toda su creación.
Detente un momento en tu vida, y mira tu historia. Toma impulso y una bocanada de aire fresco, y mira al futuro con emoción y optimismo, y en nombre de Dios: DA EL SIGUIENTE PASO.
Entregarme con el corazón a tu amor es a lo que me llamas.
Infinita gracia que emana del amor de Dios que está presente en todo y en todos nos invita al amor.
Qué es el amor?
Han experimentado alguna vez el amor de Dios?
Escribo estas líneas llorando de emoción, al ver que Cristo ha hecho maravillas en mi vida y las sigue haciendo, y en la mente humana no puede caber la idea de un Dios que actúa de semejante manera, y que realmente, es Dios quien da vida a todas las cosas, transforma las condiciones más extremas, levanta a los muertos, hace renacer las flores, da vista a los ciegos y alma a los desalmados, con su amor muestra su verdadero poder y sana las almas heridas por ausencia de esto que hoy podemos conocer por EL AMOR.
Señores, el amor es lo más grande que puede existir en el planeta. Es la fuerza más maravillosa que transforma todas las cosas, por el amor nace una criatura, por amor sale el sol todos los días y podemos ver a quienes amamos despertar... y recordar con cariño a aquellos que ya no están.
Por amor podemos levantarnos y sonreír. Por amor podemos compartir todos los días con personas que nos acompañan en la aventura de la vida. El amor nos resucita sin importar nuestro pasado y el tamaño de nuestras heridas. El amor es un sentimiento que sana, tiene ese poder sanador que ninguna ciencia puede concebir, el amor hace que podamos expresar a través de un abrazo, todo el amor que tenemos dentro, para con nuestros animales, con nuestros amigos, nuestro papá o nuestra mamá… con nuestros hermanos...
Por medio del amor podemos continuar, por medio del amor podemos aferrarnos a eso que queremos y necesitamos DE VERDAD: Hacer todos los días aquello a lo que vinimos a hacer en la tierra. Por medio del amor ya no tenemos miedo, levantamos nuestros ojos y vemos las maravillas del universo que es creación de Dios, y no nos queda más que sentir su infinita gracia para con nosotros.
Queridos hermanos. Por amor, Jesús aceptó morir en una cruz que El no merecía. Y aceptó la misión que su papá Dios le dio, muy a pesar que tuvo miedo de morir, lo hizo también para que nosotros podamos vivir, para que merezcamos la vida, con su muerte, la mayor muestra de amor fue posible para toda la humanidad. Porque Jesús dio su vida hoy yo puedo estar aquí, y ser testimonio, con mi vida, de las maravillas que ese amor ha hecho en mi vida, y que también quiere hacer en la tuya. Pero quién soy yo para merecerme tanto amor? Tanto amor ha tenido Dios hacia la humanidad que no se cansa de derramarnos su perdón y su amor, todos los días de nuestra vida.
Hermanos, ese amor, es un amor vivo, potente y actuante, está más que vivo, está en cada uno de nosotros, es una fuerza que se mueve en todas las cosas de la vida, se manifiesta con mucha fuerza en nuestro espíritu de modo a que nosotros podamos sentirlo, muy a pesar que nos demos cuenta, es algo que no lo podemos explicar, pero sabemos que está ahí.
Ese amor nos dice que estamos a salvo en cada segundo, que estamos contenidos en su presencia y ese amor nos cuida. Por su amor no estamos desamparados y su Luz es el que guía nuestro camino hacia una verdadera felicidad. Cuando todo se cae, ese amor nos sostiene y cada día nos hace más fuertes, pues esa presencia es más fuerte que nosotros, y cuando aprendemos a ver y apreciar realmente la magnitud de la entrega de Cristo para con nosotros, nos sentimos poderosos, en Él que hace bien todas las cosas.
El amor, es la manifestación más grande que podemos tener de la presencia de Dios en todas las cosas de la vida. El amor de Dios se manifiesta en lo más sencillo, en la naturaleza, en la sonrisa, en el abrazo, en la música del corazón, en la luz, en las estrellas.
Por este amor, Dios nos llama a convertir nuestras vidas al servicio a los demás, en las cosas pequeñas. Transformar nuestras vidas por amor a Dios es la señal de gratitud más grande que podemos dar a Él, haciendo ese cambio entre el viejo corazón y el nuevo, lleno de plenitud en y por amor. Dios nos llama a imitar la imagen de Jesucristo, de amor y piedad para con aquellos que nos necesitan, desde nuestra familia y los amigos, hasta con los demás con quien nos toque vivir un día, y todos los días.
Cuál es el fin del amor?
Es renacer. Renacer y ser verdaderamente nuevos, para así crear un mundo nuevo, en la gracia del amor que sostiene la vida de quienes buscan la verdad.
Por ello, el amor es muy importante en todas las cosas de nuestra vida, el amor es nuestra oportunidad de volver a nacer, de ser mejores personas, de poder ofrecer al mundo lo que somos y hacerlo con la mayor fuerza que tenemos, que solo parte del amor que sintamos por Dios, que finalmente es el motor de todo. El amor, lo es todo.
Y todo, lo es Dios.
El amor es algo que no tiene definición.
Podríamos acercarnos diciendo que es un sentimiento que nos lleva a pensar y cometer cosas buenas, buscando el bien de otra persona u otra cosa. Pero el amor es en verdad mucho más que esto. Podemos más bien decir, que el amor es la medida de la entrega por buscar la felicidad de otra persona, es entregarse por otra persona, para que ésta pueda elevarse a nuevos niveles de felicidad, por medio de nuestro afecto. El amor es infinito, sin horizonte. El amor traspasa todas las barreras conocidas, y no termina nunca. El amor es la sangre de Cristo en la cruz. El amor es el silencio de nuestro interior sintiendo su presencia eterna consolándonos en nuestra soledad. El amor es ese consejo que te llega cuando te sientes abatido, esa ayuda que no esperabas, es el amor de Dios, actuando en tu vida. Por eso decía que el amor no tiene fin, no tiene hora ni fecha. Llega y se queda, y nos hace nuevos. El amor es grande y potente, suave y tierno. Es un hijo. Es un amigo. ÉSE ES EL AMOR
Te diste cuenta de cuán grande es el amor? Y que no existe definición humana para un sentimiento tan divino como ese. El verdadero desafío al que te invito es a que descubras ese amor. Ese amor que no lo vas a encontrar en los preceptos y las reglas, en las normas y las obligaciones. El amor te lleva a volar y a soñar. A Ser y sentir, tan libre como las aves. Si quieres saber el amor, debes atreverte a descubrirlo cada día, en lo más profundo de tu corazón. Es una aventura que transforma nuestra manera de ver las cosas, de ver la vida, pues cuando nos ponemos los ojos de Dios, podemos encontrar la razón de ser de todas las cosas, desde el amor, que no tiene definición, pero sí, una MANIFESTACIÓN.
Hermanos, el amor se manifiesta, se demuestra, con actos, concretos. Tal es así que Jesús es la manifestación viva del amor perfecto de Dios. El amor es el amor, lo único que quedará cuando todo se vaya, cuando todo acabe.
Descubrir el amor es descubrir a Dios en el prójimo, y en uno mismo.
“El amor, lo es todo.
Y todo, lo es Dios.”
Como el sol al amanecer, se derrama sobre toda la tierra, así el amor de Dios se derrama sobre su creación.